Con Saúl muerto, David no se proclama: pregunta. Consulta si debe subir a alguna de las ciudades de Judá y adónde, y la respuesta es Hebrón 2 Samuel 2:1. Allí los hombres de Judá lo ungen rey sobre su tribu 2 Samuel 2:4. Su primer acto de gobierno es un mensaje a los hombres de Jabes de Galaad, que habían rescatado el cuerpo de Saúl: los bendice por su lealtad al rey muerto y les recuerda, en la misma carta, que Judá ya lo ha ungido a él 2 Samuel 2:5-7.
El resto de Israel toma otro camino. Abner, general y pariente de Saúl, lleva a Is-boset, hijo del rey, al otro lado del Jordán y lo hace rey en Mahanaim sobre las demás tribus 2 Samuel 2:8-10. David reina en Hebrón sobre Judá siete años y seis meses 2 Samuel 2:11.
La guerra entre las dos casas empieza casi como un juego y termina como una matanza. En el estanque de Gabaón, doce hombres de cada bando salen a pelear y caen los veinticuatro; el lugar quedó con nombre propio por aquello 2 Samuel 2:12-17. En la persecución, Asael, hermano de Joab, corre tras Abner sin desviarse; Abner le pide dos veces que se aparte y acaba matándolo con el regatón de la lanza 2 Samuel 2:18-23. Esa muerte quedará pendiente de cobro. La guerra dura mucho tiempo, y la casa de David se va haciendo fuerte mientras la de Saúl se debilita 2 Samuel 3:1; en Hebrón le nacen seis hijos de seis mujeres 2 Samuel 3:2-5.
El vuelco lo provoca una acusación doméstica: Is-boset reprocha a Abner haberse acercado a una concubina de su padre —un gesto que en aquel mundo equivalía a reclamar el trono— y Abner cambia de bando 2 Samuel 3:7-12. David acepta negociar con una condición: que le devuelvan a Mical, la hija de Saúl que fue su mujer 2 Samuel 3:13-14. Se la quitan a Paltiel, que la sigue llorando por el camino hasta que Abner lo manda volverse 2 Samuel 3:15-16. Abner trabaja entonces a los ancianos de Israel para que hagan rey a David 2 Samuel 3:17-19.
No llega a verlo. Joab lo hace volver con engaño y lo mata en la puerta de Hebrón, «por la sangre de Asael su hermano» 2 Samuel 3:26-27. La reacción de David es pública y minuciosa: maldice a la casa de Joab, manda rasgar las ropas y hacer duelo, camina detrás del féretro, llora junto al sepulcro, jura no probar bocado hasta la puesta del sol y pronuncia un lamento breve —¿había de morir Abner como muere un villano?— 2 Samuel 3:28-35. El narrador anota el efecto exacto de todo aquello: todo el pueblo entendió que el rey no había tenido parte en la muerte de Abner 2 Samuel 3:36-37. Y añade la confesión de debilidad del propio David: hoy soy débil, aunque ungido rey, y estos hijos de Sarvia son más duros que yo 2 Samuel 3:39.
Poco después, dos capitanes asesinan a Is-boset mientras duerme y le llevan la cabeza a Hebrón esperando premio; David los manda matar y cuelga sus cuerpos junto al estanque 2 Samuel 4:5-12. Ya no queda nadie de la casa de Saúl en condiciones de reinar. Entonces todas las tribus vienen a Hebrón con tres argumentos —somos tu hueso y tu carne; ya sacabas y traías a Israel cuando Saúl reinaba; Jehová te dijo que apacentarías a su pueblo—, hacen pacto con él y lo ungen rey sobre Israel 2 Samuel 5:1-3. Tenía treinta años y reinó cuarenta: siete años y seis meses en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén 2 Samuel 5:4-5.