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La rebelión de Absalón contra David: Amnón y Tamar

2 S 13 2 Samuel 13:1—20:22

Antiguo Testamento 2 Samuel c. 1010—970 a.C. (cronología aproximada y discutida)

§ La escena

El anuncio de que la espada no se apartaría de su casa 2 Samuel 12:10 se cumple primero puertas adentro. Amnón, el hijo mayor, se obsesiona con su media hermana Tamar; un primo astuto le sugiere fingirse enfermo y pedir que sea ella quien le lleve la comida 2 Samuel 13:1-6. La viola pese a que ella le suplica que lo pida al rey y le advierte de la infamia 2 Samuel 13:12-14, y el texto anota lo que pasa inmediatamente después: el aborrecimiento con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado, y la echa a la calle 2 Samuel 13:15-17. Tamar se rasga la túnica de colores de las hijas vírgenes del rey, se pone ceniza en la cabeza y queda desconsolada en casa de su hermano Absalón 2 Samuel 13:18-20. El rey se enoja mucho 2 Samuel 13:21 y no hace nada más. Dos años después, Absalón invita a todos los hijos del rey a un esquileo y manda matar a Amnón 2 Samuel 13:23-29; luego huye a Gesur, con su abuelo materno, y se queda allí tres años 2 Samuel 13:37-38.

Joab consigue traerlo de vuelta con una escena montada —una mujer de Tecoa que le plantea al rey un caso inventado— pero David le impone una condición humillante: que no vea su rostro 2 Samuel 14:1-24. Absalón pasa dos años en Jerusalén sin ser recibido, y para forzar la entrevista manda prender fuego al campo de cebada de Joab 2 Samuel 14:28-31. El reencuentro termina en un beso 2 Samuel 14:33, y después de eso Absalón empieza a preparar la rebelión, que estalla años más tarde 2 Samuel 15:1-7.

El método es paciente y se describe con precisión: carros, caballos y cincuenta hombres corriendo delante; Absalón se levanta temprano, se pone junto al camino de la puerta, y a cada uno que llega con un pleito le dice que sus razones son buenas pero que no hay quien lo oiga de parte del rey; y añade la frase decisiva: quién me pusiera por juez en la tierra 2 Samuel 15:1-4. A quien se inclinaba lo abrazaba y lo besaba. Así robó el corazón de los de Israel 2 Samuel 15:5-6. Cuando está listo, pide permiso para ir a Hebrón —la vieja capital— y allí se proclama, con trompetas y con Ahitofel, el consejero del propio David, de su lado 2 Samuel 15:7-12.

La huida del rey es una de las escenas más despojadas del libro. Sale de Jerusalén a pie con su casa, dejando diez concubinas a cargo del palacio 2 Samuel 15:14-16; Itai de Gat, extranjero recién llegado, se niega a abandonarlo 2 Samuel 15:19-22; manda devolver el arca a la ciudad con una frase que lo resume entero —si hallo gracia, él me hará volver; y si no, aquí estoy, haga lo que bien le parezca— 2 Samuel 15:25-26; y sube la cuesta del monte de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y descalzo 2 Samuel 15:30. Lo único que pide es que el consejo de Ahitofel se vuelva locura, y acto seguido coloca a Husai en la corte de su hijo para lograrlo 2 Samuel 15:31-34. En el camino, un hombre de la casa de Saúl llamado Simei lo maldice y le tira piedras; Abisai pide permiso para cortarle la cabeza y David se lo niega: dejadlo que maldiga, porque Jehová se lo ha dicho 2 Samuel 16:5-12.

En Jerusalén, Ahitofel aconseja a Absalón lo más definitivo: que se llegue a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel, para que el pueblo entienda que la ruptura no tiene marcha atrás. Levantan una tienda sobre el terrado y lo hace delante de todos 2 Samuel 16:21-22. El narrador no necesita comentar: es, palabra por palabra, lo que el profeta había anunciado 2 Samuel 12:11-12. El segundo consejo de Ahitofel —salir esa misma noche con doce mil hombres y matar solo al rey— era el bueno; Husai lo desbarata con un plan más vistoso y más lento, y gana el tiempo que David necesitaba 2 Samuel 17:1-14. Ahitofel, al ver que no siguieron su consejo, ensilla su asno, va a su ciudad, pone en orden su casa y se ahorca 2 Samuel 17:23.

La batalla se libra en el bosque de Efraín y la gana el terreno: mueren veinte mil hombres y el bosque consumió más gente que la espada 2 Samuel 18:6-8. Absalón, montado en un mulo, queda colgado de la cabeza en las ramas de una encina; un soldado se niega a tocarlo porque había oído la orden del rey de tratar benignamente al joven, y Joab lo atraviesa con tres dardos 2 Samuel 18:9-15. La noticia llega y el rey deja de ser rey por un rato: sube al aposento sobre la puerta y repite el nombre —hijo mío Absalón, quién me diera que muriera yo en lugar de ti— 2 Samuel 18:33. Joab entra y le habla con una dureza que nadie más se permite: has avergonzado hoy a los que te han salvado la vida, y si no sales a hablar a tus siervos no quedará contigo ni un hombre esta noche 2 Samuel 19:5-7. David sale y se sienta a la puerta.

La vuelta no arregla nada del todo. Perdona a Simei 2 Samuel 19:18-23, oye a Mefi-boset y parte sus tierras con el criado que lo había calumniado 2 Samuel 19:24-30, y encalla enseguida en una pelea entre Judá e Israel por quién tiene más derecho sobre el rey 2 Samuel 19:41-43. De esa disputa nace otra revuelta: un benjamita llamado Seba toca la trompeta y grita lo que volverá a oírse una generación después, «no tenemos parte en David» 2 Samuel 20:1-2. Termina en un asedio y en una negociación: una mujer sabia de Abel de Bet-maaca convence a la ciudad de entregar la cabeza del rebelde y evita la destrucción 2 Samuel 20:16-22. De las diez concubinas dejadas en el palacio, el texto dice que quedaron encerradas, mantenidas y sin ser visitadas, viudas en vida hasta el día de su muerte 2 Samuel 20:3.

§ Escenas alrededor · David