Casi al final del libro, David ordena contar al pueblo. Joab, que no suele tener
escrúpulos, intenta disuadirlo y le pregunta para qué quiere hacer esto
2 Samuel 24:3. El recuento dura nueve meses y veinte días y devuelve
cifras de hombres de guerra 2 Samuel 24:8-9. Cuando termina, al rey le
pesa el corazón y reconoce que ha pecado gravemente
2 Samuel 24:10.
El profeta Gad le lleva tres castigos a elegir: años de hambre, meses de huida ante sus
enemigos o días de peste 2 Samuel 24:11-13. David responde con un criterio
y no con una opción: que caiga en manos de Jehová, cuyas misericordias son muchas, y no
en manos de hombres 2 Samuel 24:14. Mueren setenta mil
2 Samuel 24:15. Cuando el ángel extiende la mano sobre Jerusalén, David lo
ve junto a la era de Arauna jebuseo y dice la frase que cierra su trayectoria pública: yo
pequé, yo hice la maldad; estas ovejas, ¿qué han hecho?
2 Samuel 24:16-17.
Gad le manda levantar allí un altar. Arauna quiere regalarle la era, los bueyes y hasta
la madera de los trillos, y David se niega con un razonamiento que se ha citado desde
entonces: no ofreceré a Jehová holocaustos que no me cuesten nada
2 Samuel 24:21-24. Compra el lugar, edifica el altar y la plaga se detiene
2 Samuel 24:25.