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Samuel unge a David, el menor de los hijos de Isaí

1 S 16 1 Samuel 16:1-13

Antiguo Testamento 1 Samuel c. 1010—970 a.C. (cronología aproximada y discutida) 13 versículos

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§ La escena

Samuel sigue llorando por Saúl cuando recibe la orden de dejar de hacerlo: que llene su cuerno de aceite y vaya a Belén, a casa de un tal Isaí, porque entre sus hijos hay ya un rey escogido 1 Samuel 16:1. La respuesta del profeta no es piadosa sino práctica: si Saúl se entera, lo matará 1 Samuel 16:2. La instrucción que recibe es llevar una becerra y decir que viene a sacrificar 1 Samuel 16:2-3. Cuando llega, los ancianos del pueblo salen a su encuentro temblando y le preguntan si viene en paz 1 Samuel 16:4-5: la visita de un profeta a una aldea pequeña no era una buena noticia por sí misma.

El desfile de los hijos empieza por el mayor. Al ver a Eliab, Samuel da el asunto por resuelto, y ahí recibe la frase que gobierna toda la escena: que no mire su apariencia ni lo alto de su estatura, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos y Jehová mira el corazón 1 Samuel 16:6-7. Pasan siete hijos y ninguno es 1 Samuel 16:8-10. Samuel pregunta si están todos y la respuesta deja ver el lugar que ocupaba el último en aquella casa: queda el menor, que está con las ovejas, y nadie lo había llamado 1 Samuel 16:11.

Lo traen. El texto lo describe rubio, de hermosos ojos y de buen parecer, y la orden llega sin rodeos: ése es 1 Samuel 16:12. Samuel lo unge con el cuerno de aceite en medio de sus hermanos, y desde aquel día el Espíritu de Jehová viene sobre David 1 Samuel 16:13. Después el profeta se vuelve a Ramá y no pasa nada más: no hay proclamación, ni corte, ni ejército. Hay un rey ungido que vuelve a las ovejas mientras otro rey sigue sentado en el trono.

§ Escenas alrededor · David
Primera escena

Aquí empieza la ficha de David.

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Samuel sigue llorando por Saúl cuando recibe la orden de dejar de hacerlo: que llene su cuerno de aceite y vaya a Belén, a casa de un tal Isaí, porque entre sus hijos hay ya un rey escogido.

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La unción de David y la caída de Saúl se cuentan como un solo movimiento: el Espíritu de Jehová se aparta de Saúl y un espíritu malo de parte de Jehová lo atormenta.