Para tener hijos
El caso más conocido es el de Agar. Como Sara no tiene hijos, da su sierva egipcia a Abraham «por mujer», con la idea de tener hijos por medio de ella Génesis 16:1-4. Raquel y Lea hacen lo mismo con sus siervas Bilha y Zilpa, y los hijos que nacen se cuentan entre las tribus de Israel Génesis 30:3-13. Los hijos de las concubinas no estaban al mismo nivel: Abraham da todo a Isaac y a los hijos de sus concubinas les da regalos y los envía lejos Génesis 25:5-6.
Concubinas del rey
En la corte, las concubinas formaban parte del harén y tenían un valor político: quien las tomaba se presentaba como heredero del rey. Por eso Absalón, al rebelarse, se llega a las concubinas de su padre «ante los ojos de todo Israel» 2 Samuel 16:21-22. Salomón llega a mil mujeres entre esposas y concubinas, y el texto dice que ellas inclinaron su corazón a otros dioses 1 Reyes 11:3, justamente lo que la Ley advertía: el rey no tomará «muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe» Deuteronomio 17:17.
Una realidad que el relato no idealiza
La Biblia narra la poligamia y el concubinato sin presentarlos como el modelo. Las historias muestran sus conflictos: la rivalidad entre Sara y Agar, la de Raquel y Lea, las luchas entre hijos de distintas madres. El episodio más terrible del libro de los Jueces empieza con un levita y su concubina Jueces 19:1. El relato de la creación presenta otro ideal, «serán una sola carne» Génesis 2:24, que Jesús retoma Mateo 19:4-6, y las cartas pastorales piden al obispo ser «marido de una sola mujer» 1 Timoteo 3:2.