Samuel acaba de morir, y David, perseguido por Saúl, baja al desierto de Parán 1 Samuel 25:1; la traducción griega antigua dice aquí «desierto de Maón», que encaja mejor con lo que sigue. En Maón vive un hombre muy rico, con tres mil ovejas y mil cabras, que tiene su hacienda en Carmel. Se llama Nabal y es del linaje de Caleb. Su mujer se llama Abigail. El narrador los presenta en contraste: ella, de buen entendimiento y hermosa; él, duro y de malas obras 1 Samuel 25:2-3.
Es el tiempo de la esquila, y David envía diez jóvenes a saludar a Nabal. Le recuerdan que sus pastores estuvieron con los hombres de David y no sufrieron ningún daño, y le piden lo que tenga a mano para ellos 1 Samuel 25:4-8. Nabal responde con desprecio: «¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores». No piensa dar su pan, su agua ni su carne a gente que no sabe de dónde viene 1 Samuel 25:10-11. David manda a sus hombres ceñirse la espada y sube con cuatrocientos 1 Samuel 25:12-13.
Su papel dentro de la Biblia
Abigail es una de las pocas personas del Antiguo Testamento a las que el texto elogia por su inteligencia, y su discurso a David es uno de los más largos que la Biblia pone en boca de una mujer. Su papel es decisivo: evita que David, a punto de ser rey, empiece con una masacre de inocentes. Sus palabras, además, son de las primeras en anunciar en voz alta el futuro de David: casa estable y reinado sobre Israel, lo que más tarde Dios le prometerá por medio de Natán 2 Samuel 7:11-16.
Otros con el mismo nombre
Abigail, hermana de David, hija de Isaí según Crónicas 1 Crónicas 2:16-17 —«hija de Nahas» en Samuel 2 Samuel 17:25— y madre de Amasa, el general de Absalón. Ver Isaí.