La regla es clara: Aarón no puede entrar en todo tiempo en el santuario, «detrás del velo», delante del propiciatorio, para que no muera Levítico 16:2. Solo entraba en el día de la Expiación. Tomaba brasas del altar y dos puños de incienso, pasaba el velo y ponía el incienso sobre el fuego, para que la nube cubriera el propiciatorio; después rociaba con el dedo la sangre del becerro y del macho cabrío sobre el propiciatorio y delante de él Levítico 16:12-15.
El resto del año, el velo marcaba el límite del servicio sacerdotal. En algunos sacrificios por el pecado, el sacerdote mojaba el dedo en la sangre y la rociaba siete veces delante de Jehová, «hacia el velo del santuario» Levítico 4:6: tan cerca como se podía llegar sin cruzarlo. Y un sacerdote con un defecto físico no podía acercarse al velo ni al altar Levítico 21:23.