La carta a los Hebreos convierte el velo en una de sus imágenes centrales. Describe la tienda del desierto con su primera sala y, «tras el segundo velo», la parte llamada lugar santísimo Hebreos 9:3; recuerda que en ella solo entraba el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, y concluye que mientras la primera parte seguía en pie, el camino al santuario no estaba abierto Hebreos 9:6-8.
La esperanza, dice, es un ancla que «penetra hasta dentro del velo», donde Jesús entró como precursor Hebreos 6:19-20. Y los creyentes tienen libertad para entrar en el lugar santísimo «por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne» Hebreos 10:19-20.