Siglos después, cuando ya no existía ni el tabernáculo ni el primer templo, dos textos del Nuevo Testamento vuelven sobre él, y no para describirlo.
El discurso de Esteban repasa la historia y se detiene en este punto: los padres tuvieron en el desierto el tabernáculo del testimonio, hecho según el modelo que Moisés había visto; lo trajeron con Josué, llegó hasta David, y fue Salomón quien le edificó casa. La conclusión es la que le costó la vida: el Altísimo no habita en templos hechos de mano Hechos 7:44-50. El argumento se apoya en la movilidad del santuario, y tiene precedente: cuando David quiso construirle una casa, la respuesta fue que Dios había andado en tienda y en tabernáculo sin pedir nunca un edificio 2 Samuel 7:6-7.
La carta a los Hebreos hace otra cosa: describe la tienda con sus dos compartimentos y su ritual Hebreos 9:1-7 y la lee como «figura y sombra de las cosas celestiales», apoyándose en la orden de construir conforme al modelo mostrado en el monte Hebreos 8:5.