La última palabra de Ezequiel
Ezequiel es un sacerdote deportado a Babilonia con el rey Joaquín, en el primer gran grupo de cautivos de Judá, hacia el 597 a. C. Recibe sus visiones junto al río Quebar, lejos del templo en el que debía servir Ezequiel 1:1-3. Ver Exilio y Río Quebar.
En una de esas visiones ve cómo la gloria de Jehová abandona el templo de Jerusalén: se levanta de sobre los querubines, sale por la puerta oriental Ezequiel 10:18-19 y se detiene sobre el monte que está al oriente de la ciudad Ezequiel 11:22-23. Pocos años después, hacia el 586 a. C., Jerusalén cae y el templo es quemado. Para el profeta, lo más grave no fue la destrucción de la ciudad, sino que Dios se hubiera ido de ella.
Los últimos capítulos invierten esa escena. Ezequiel ve un templo nuevo y la gloria de Jehová volviendo por el mismo camino del oriente, llenando la casa, con una promesa: «este es el lugar de mi trono… en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre» Ezequiel 43:1-7. Y el libro termina con la ciudad y su nombre nuevo: YHWH shammah, «Jehová está allí» Ezequiel 48:35. El nombre responde a la pregunta que abría la tragedia: Dios ya no se ha ido.
La presencia de Dios, de la tienda al templo
El nombre de la ciudad cierra una historia que empieza en el desierto. Dios manda construir el tabernáculo con una razón: «harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos» Éxodo 25:8. Cuando Israel peca con el becerro de oro, lo que está en juego es esa presencia; Dios promete: «Mi presencia irá contigo», y Moisés responde: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí» Éxodo 33:14-15. Al terminar el tabernáculo, la nube lo cubre y la gloria de Jehová lo llena Éxodo 40:34-35; lo mismo ocurre siglos después en el templo de Salomón 1 Reyes 8:10-11. Ver Tabernáculo y Templo.
La ausencia también tiene nombre. Cuando los filisteos capturan el arca, la nuera de Elí da a luz y llama a su hijo Icabod, «¡Traspasada es la gloria de Israel!» 1 Samuel 4:21-22. Icabod y Jehová-sama son los dos extremos de la misma historia: el nombre de cuando Dios se va y el nombre de cuando vuelve para quedarse.
El hebreo tiene varias palabras para esta idea:
- Shakán, «habitar», «acampar», y de ahí mishkán, «tabernáculo», la morada. Ver Habitar.
- Kabod, «gloria», la presencia de Dios cuando se hace visible: la nube, el fuego, el resplandor. Ver Gloria.
- Paním, «rostro», que la Reina-Valera traduce «presencia» en Éxodo 33.
- Sham, «allí», la palabra más sencilla de todas, es la que Ezequiel elige para el final: lo que importa de la ciudad no es cómo es, sino quién está en ella.
Ezequiel había oído antes la promesa que su último versículo cumple en visión: «Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo» Ezequiel 37:27-28.
Cómo se ha traducido
La Reina-Valera transcribe el nombre, «Jehová-sama», sin traducirlo; muchas versiones modernas lo ponen en español, «El Señor está allí». También circula la forma «Jehová-shammah», que sigue más de cerca la pronunciación hebrea. Las tres dicen lo mismo. Lo que no dice el hebreo es «Jehová está presente» en general: dice «allí», en esa ciudad.
En el Nuevo Testamento
La presencia de Dios con su pueblo es el hilo que el Nuevo Testamento retoma desde el principio. Mateo explica el nacimiento de Jesús con la profecía del Emanuel, «que traducido es: Dios con nosotros» Mateo 1:23, y cierra su evangelio con la promesa de Jesús: «he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» Mateo 28:20. Ver Emanuel.
Juan dice que el Verbo «fue hecho carne, y habitó entre nosotros» Juan 1:14. El verbo griego que usa significa «plantar la tienda», de la misma familia que la palabra con que la traducción griega del Antiguo Testamento nombra el tabernáculo. Lo que en el desierto era una tienda en medio del campamento, Juan lo ve en una persona. Pablo aplica a la iglesia la promesa de Ezequiel: «Habitaré y andaré entre ellos» 2 Corintios 6:16.
El Apocalipsis cierra la Biblia con una escena que recuerda el cierre de Ezequiel: una ciudad santa con doce puertas que llevan los nombres de las doce tribus Apocalipsis 21:12-13, y una voz que anuncia: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos» Apocalipsis 21:2-3. Juan añade que en esa ciudad no vio templo, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo Apocalipsis 21:22. Lo que en Ezequiel era el nombre de la ciudad, en el Apocalipsis es su descripción.
El nombre que Dios siguió revelando
En la zarza Dios se dio a conocer a Moisés por su nombre, YHWH Éxodo 3:14-15, el nombre que no había dado a conocer a los patriarcas Éxodo 6:2-3. A lo largo de la Biblia ese nombre aparece unido a lo que Dios hace por su pueblo: en Mara es el que sana; en Refidim, el estandarte; en Ofra, la paz; en Moriah, el que provee; en el salmo 23, el pastor. Jehová-sama, en la última página de Ezequiel, es el que cierra la serie: el Dios que está presente. La Biblia no reúne estos nombres en una lista: la serie se formó después, al leerlos juntos. Ver Nombres compuestos de Jehová.
Esa revelación por partes apunta a una promesa: «mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente» Isaías 52:6. El nombre que el ángel manda poner al hijo de María es Jesús, en hebreo Yeshúa, «Jehová salva», «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» Mateo 1:21, y Mateo lo llama en el mismo pasaje «Dios con nosotros». En Jesús «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9: el Dios que Ezequiel vio volver a su casa es el que vino a habitar entre los hombres, y lo que cada nombre compuesto mostraba por partes se reúne en el nombre de Jesús.