Samuel lo unge en privado, con una redoma de aceite y sin testigos
1 Samuel 10:1 , y le anuncia tres señales que se cumplen esa misma
jornada. La última es que el Espíritu vendrá sobre él y profetizará con un grupo de
profetas; los que lo conocen se quedan pasmados y nace un dicho: «¿También Saúl entre
los profetas?» 1 Samuel 10:11-12 .
Después viene el acto público en Mizpa, y es de otro tono. Samuel convoca a las tribus
y presenta la elección como un reproche —«vosotros habéis desechado hoy a vuestro
Dios»— antes de echar suertes 1 Samuel 10:18-19 . La suerte cae sobre
Saúl, pero Saúl no aparece: hay que consultar otra vez, y lo encuentran escondido
entre el bagaje 1 Samuel 10:21-22 . Lo sacan, lo aclaman, y aun así
«algunos perversos» preguntan qué los va a salvar este, y él calla
1 Samuel 10:27 .
En debate
Dos relatos que el libro no armoniza La diferencia de tono entre las dos escenas no es una impresión del lector. En una,
Dios toma la iniciativa, manda ungir a Saúl «para que salve a mi pueblo»
1 Samuel 9:16 ; en la otra, la petición de rey es la culpa que se le
echa en cara al pueblo 1 Samuel 12:12-13 .
Una parte de la investigación explica esto como dos tradiciones sobre el origen de la
monarquía —una favorable y una crítica— reunidas sin fundirse; otra lo lee como una
sola narración que sostiene a propósito las dos cosas: la institución nace de una
petición equivocada y aun así Dios trabaja dentro de ella. El libro deja las dos voces
en pie, y esta ficha también: quedarse con una sola simplifica un texto que eligió no
simplificarse.
Interpretación
Qué hace Saúl dentro de la Biblia Saúl no es solo el rey que falló: es la pieza con la que el relato examina qué clase de
institución es la monarquía en Israel. Su reinado prueba las dos cosas a la vez — que
un rey puede salvar a Jabes de Galaad, y que un rey puede arrasar Nob.
Por eso el texto lo trata sin caricatura. Perdona a sus detractores y manda matar
sacerdotes; llora reconociendo la justicia de David y al poco vuelve a salir a cazarlo;
se esconde entre el bagaje y termina exigiendo que lo honren en público. El libro no
resuelve esa mezcla, y el lector que quiera un villano tendrá que aportarlo por su
cuenta.
Evidencia externa
Guibeá y lo que se ha excavado Guibeá de Saúl se identifica con bastante consenso —aunque no con certeza— con Tell
el-Ful , al norte de Jerusalén, donde se excavó una construcción fortificada modesta
de la Edad del Hierro I: una fortaleza con torres de esquina, no un palacio.
Encaja con lo que el propio texto deja ver, que es lo interesante: un rey que sigue
arando sus campos, que se sienta bajo un tamarisco con la lanza en la mano
1 Samuel 22:6 y cuya corte cabe en un patio. La escala del hallazgo no
demuestra que ese edificio fuera suyo; sí muestra qué tamaño tenía el poder del que
habla el relato.
Interpretación
Cómo se lo recordó después La memoria posterior de Saúl es breve y de dos tonos. Crónicas despacha su reinado en
un capítulo y añade el veredicto: murió por su rebelión y por haber consultado a una
médium 1 Crónicas 10:13-14 . Pablo, en cambio, lo menciona de pasada y
sin condena, como un dato de la historia de Israel: Dios les dio a Saúl por cuarenta
años, y después levantó a David Hechos 13:21-22 .
Y está el lamento de David, que no es memoria oficial sino duelo: llama a Saúl y a
Jonatán «amados y queridos», pide que no se anuncie en Gat, y repite tres veces la
misma frase — «cómo han caído los valientes» 2 Samuel 1:19-27 . El
hombre al que persiguió durante años es el que le escribe la elegía.