La historia del primer rey de Israel empieza con un encargo doméstico: a Cis, un benjaminita acomodado, se le han perdido las asnas, y manda a su hijo Saúl a buscarlas con un criado 1 Samuel 9:3. El texto lo presenta con dos rasgos: joven y hermoso, y tan alto que «de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo» 1 Samuel 9:2.
Recorren cuatro comarcas sin encontrarlas. Cuando Saúl quiere volverse para que su padre no se preocupe, es el criado quien propone consultar al vidente de la ciudad, y es el criado quien tiene el cuarto de siclo para pagarle 1 Samuel 9:5-8. Al primero que Dios elige rey lo llevan a su unción los planes de otro.
Samuel lo estaba esperando: Dios le había avisado el día anterior 1 Samuel 9:15-16. Lo sienta a la cabecera de los invitados, le reserva la porción de honor y le anuncia que todo lo deseable de Israel será para él. Saúl responde con lo que será su rasgo constante al principio: se achica. Es de la tribu más pequeña y de la familia más pequeña de esa tribu 1 Samuel 9:21.