La víspera de la última batalla, Saúl ve el campamento filisteo y tiene miedo. Consulta
a Dios «y Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas»
1 Samuel 28:6. Entonces pide a sus criados que le busquen una mujer que
evoque a los muertos — y el narrador ya nos ha dicho que fue el propio Saúl quien había
expulsado del país a los evocadores 1 Samuel 28:3.
Va disfrazado y de noche. La mujer desconfía, y él le jura por el Dios cuya respuesta
ha dejado de recibir que no le pasará nada 1 Samuel 28:10. Cuando la
figura de Samuel aparece, la mujer grita al reconocer a quién tiene delante. El mensaje
no trae consuelo: mañana estarás conmigo tú y tus hijos 1 Samuel 28:19.
Saúl cae al suelo y no quiere comer. Lo levantan entre la mujer —que le sacrifica su
becerro— y sus criados 1 Samuel 28:23-25. La última comida del primer
rey de Israel se la da la clase de persona que él mismo había proscrito.