La orden sobre Amalec es explícita y dura: destruirlo todo
1 Samuel 15:3. Saúl vence, pero perdona al rey Agag y lo mejor del
ganado 1 Samuel 15:9.
El diálogo con Samuel es el más revelador del personaje. Empieza afirmando que ha
cumplido 1 Samuel 15:13; Samuel le contesta con la pregunta que lo
desarma: «¿qué balido de ovejas es este que yo oigo?» 1 Samuel 15:14.
Saúl traslada la responsabilidad —«el pueblo» perdonó lo mejor— y le da un fin
religioso: era para sacrificarlo a Dios 1 Samuel 15:15. De ahí la
respuesta de Samuel: obedecer vale más que los sacrificios, y escuchar más que la
grosura de los carneros 1 Samuel 15:22.
Cuando Samuel se da la vuelta, Saúl le agarra el borde del manto y lo rasga. Samuel
convierte el accidente en sentencia: así ha rasgado Dios el reino de Israel de su mano
1 Samuel 15:27-28. Y entonces Saúl pide algo que lo retrata entero: que
lo honre delante de los ancianos y del pueblo1 Samuel 15:30. Ya
sabe que ha perdido el favor; lo que negocia es no perder la cara.
Lo último ocurre en Gilgal: Samuel manda traer a Agag y lo despedaza delante de Jehová
1 Samuel 15:32-33. Es el mismo sitio donde el pueblo lo había investido
rey y donde ya había oído la primera sentencia. Donde lo hicieron rey es donde acaba
de perder el reino.