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La caída de las murallas de Jericó

Jos 5 Josué 5:13—6:27

Antiguo Testamento Josué c. siglo XIII a.C. (fecha larga: XV a.C.); vivió 110 años

§ La escena

Antes de la primera batalla, ocurre un encuentro que el texto cuenta sin explicar del todo. Josué, cerca de Jericó, levanta los ojos y ve a un hombre con la espada desenvainada. Le pregunta de qué lado está, del de Israel o del de sus enemigos. La respuesta es que de ninguno: viene como jefe del ejército del Señor. Josué cae rostro a tierra Josué 5:13-14. El desconocido le ordena quitarse las sandalias porque el lugar es santo Josué 5:15, la misma orden que recibió Moisés ante la zarza Éxodo 3:5.

La estrategia para Jericó no parece una estrategia. Dios la dicta: durante seis días, todo el ejército rodeará la ciudad una vez al día. Siete sacerdotes llevarán bocinas de cuerno delante del arca. El séptimo día darán siete vueltas, los sacerdotes tocarán las bocinas, y cuando suene el toque largo, el pueblo gritará Josué 6:2-5.

Josué obedece al pie de la letra. Seis días de procesión silenciosa: tiene orden de que nadie hable ni grite hasta que él lo mande Josué 6:10. Al séptimo día rodean la ciudad siete veces, suenan las bocinas, Josué ordena el grito, y los muros de Jericó se desploman Josué 6:20.

La ciudad cae bajo anatema: todo lo que respira es destruido —hombres, mujeres, niños, bueyes, ovejas, asnos— Josué 6:21. El oro, la plata, el bronce y el hierro pasan al tesoro de Dios Josué 6:19. Solo Rahab y los suyos se salvan, como los espías habían jurado Josué 6:22-23.

§ Escenas alrededor · Josué