Juan es el hermano de Santiago hijo de Zebedeo, al que se
suele tener por el mayor, y durante buena parte del relato evangélico los dos son una sola unidad: los llaman juntos,
reciben juntos el apodo de Boanerges, «hijos del trueno», y juntos hacen su petición más
ambiciosa Marcos 1:19-20Marcos 3:17Marcos 10:35.
Marcos y Mateo lo nombran casi siempre en segundo lugar, «Juan su hermano»; Lucas, en cambio,
lo pone a veces delante de Santiago Lucas 8:51Lucas 9:28.
Era galileo, de una familia de pescadores que no era pobre: su padre tenía barca y jornaleros,
y los hijos eran socios de PedroMarcos 1:20Lucas 5:10.
Su madre estuvo entre las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea y presenciaron de
lejos la crucifixión Mateo 27:55-56.
Lo que se le atribuyó después
Cinco libros del Nuevo Testamento se asocian con el nombre de Juan: el cuarto evangelio, tres
cartas y el Apocalipsis. Ninguno de ellos dice ser obra de «Juan hijo de Zebedeo». El
evangelio no nombra a su autor y remite al discípulo amado Juan 21:24. La segunda
y la tercera carta se presentan como escritas por «el anciano» 2 Juan 1:13 Juan 1:1,
y la primera no lleva remitente. Solo el Apocalipsis da un nombre: su autor se llama Juan, se
dice «hermano» y compañero en la tribulación, y cuenta que estaba en la isla de Patmos por
causa de la palabra de Dios Apocalipsis 1:9, sin presentarse como apóstol.
Todo lo que la Biblia dice de Patmos cabe en un versículo. El autor del Apocalipsis se presenta
como «yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación», y cuenta que estaba
«en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo»
Apocalipsis 1:9. Allí, un día del Señor, oye detrás de sí una voz como de
trompeta que le manda escribir lo que ve y enviarlo a siete iglesias de la provincia de Asia:
Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y LaodiceaApocalipsis 1:10-11.
Al final del libro repite su nombre: «Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas»
Apocalipsis 22:8.
El texto no dice cuánto tiempo estuvo allí, quién lo envió, ni qué pasó después. Tampoco dice
que fuera un destierro, aunque la frase se presta a leerlo así: «por causa de la palabra de
Dios y el testimonio» es la misma expresión que el libro usa para los que fueron muertos por
su fe Apocalipsis 6:9, y él mismo se llama compañero «en la tribulación». La
lectura contraria —que fue a la isla a predicar, o a recibir la revelación— es posible, pero
minoritaria.