Al final del reinado, Joab se une a Adonías, el hijo mayor de David, junto al sacerdote Abiatar 1 Reyes 1:7. Pero David hace ungir a Salomón. En su lecho de muerte, el rey le recuerda a su sucesor lo que Joab hizo con Abner y con Amasa, «derramando en tiempo de paz la sangre de guerra», y le da un encargo: «no dejarás descender sus canas al Seol en paz» 1 Reyes 2:5-6. Ver Adonías y Salomón.
Cuando Salomón ejecuta a Adonías y destierra a Abiatar, Joab huye al tabernáculo de Jehová y se agarra a los cuernos del altar. Benaía le ordena salir, y él responde: «No, sino que aquí moriré». Salomón manda matarlo allí mismo, para quitar de la casa de su padre la sangre inocente que Joab había derramado. Benaía lo mata, y lo entierran en su casa en el desierto 1 Reyes 2:28-34.
Su papel dentro de la Biblia
Joab es el general sin el cual el reino de David no habría existido, y a la vez el hombre que muestra su lado oscuro. Por él pasan las grandes victorias, el crimen contra Urías, la muerte del hijo amado y las venganzas personales. Su final, con la orden de David a Salomón, deja una pregunta que el texto no responde del todo: si el rey castiga por fin una sangre injusta, o si se deshace de un hombre que sabía demasiado y había apostado por el heredero equivocado.