Al año siguiente, Joab asedia Rabá, la capital amonita, mientras David se queda en Jerusalén. Allí David comete adulterio con Betsabé, la mujer de Urías, uno de los soldados de Joab 2 Samuel 11:1-5. Para encubrirlo, David escribe una carta a Joab y se la envía por mano del propio Urías: «Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera» 2 Samuel 11:14-15.
Joab lo cumple: pone a Urías donde sabe que están los defensores más valientes, y Urías muere con otros soldados. Envía un mensajero con el parte de guerra y le enseña qué decir si el rey se enoja por la imprudencia de acercarse tanto a la muralla: «También tu siervo Urías heteo es muerto» 2 Samuel 11:16-21. Cuando la ciudad está a punto de caer, Joab avisa a David para que venga a tomarla él, «no sea que tome yo la ciudad y sea llamada de mi nombre» 2 Samuel 12:26-29. Ver Rabá.
Su papel dentro de la Biblia
Joab es el general sin el cual el reino de David no habría existido, y a la vez el hombre que muestra su lado oscuro. Por él pasan las grandes victorias, el crimen contra Urías, la muerte del hijo amado y las venganzas personales. Su final, con la orden de David a Salomón, deja una pregunta que el texto no responde del todo: si el rey castiga por fin una sangre injusta, o si se deshace de un hombre que sabía demasiado y había apostado por el heredero equivocado.