Para atraerse a Judá, David nombra jefe del ejército a Amasa, el general de Absalón, en lugar de Joab 2 Samuel 19:13. Cuando estalla otra rebelión, la de Seba, Amasa se retrasa. Joab lo encuentra junto a la gran piedra de Gabaón, le pregunta «¿Te va bien, hermano mío?», le toma la barba con la mano derecha para besarlo y con la izquierda le clava la espada en el vientre 2 Samuel 20:4-10.
Joab persigue a Seba hasta Abel-bet-maaca, en el extremo norte, y asedia la ciudad. Una mujer sabia le habla desde la muralla, y Joab le asegura que no quiere destruir una ciudad de Israel, solo al rebelde. Los de la ciudad le arrojan la cabeza de Seba, y Joab vuelve a Jerusalén otra vez al mando del ejército 2 Samuel 20:15-23.
Su papel dentro de la Biblia
Joab es el general sin el cual el reino de David no habría existido, y a la vez el hombre que muestra su lado oscuro. Por él pasan las grandes victorias, el crimen contra Urías, la muerte del hijo amado y las venganzas personales. Su final, con la orden de David a Salomón, deja una pregunta que el texto no responde del todo: si el rey castiga por fin una sangre injusta, o si se deshace de un hombre que sabía demasiado y había apostado por el heredero equivocado.