Abner rompe con Is-boset y viene a Hebrón a negociar con David que todo Israel lo reconozca como rey. David lo despide en paz 2 Samuel 3:17-21. Cuando Joab vuelve de una incursión y se entera, se enfrenta al rey: Abner ha venido a engañarte. Sin decir nada a David, manda que lo hagan volver, lo lleva aparte en la puerta como para hablarle en secreto y lo hiere en el vientre, «por la sangre de Asael su hermano» 2 Samuel 3:22-27.
David se desmarca en público: «Inocente soy yo y mi reino, delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner», y maldice a la casa de Joab. Hace a Joab y a todo el pueblo rasgar sus vestidos y caminar ante el féretro, y llora en el sepulcro 2 Samuel 3:28-32. Pero no lo castiga, y lo confiesa: «yo soy débil hoy, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para mí» 2 Samuel 3:39. Ver Hebrón.
Su papel dentro de la Biblia
Joab es el general sin el cual el reino de David no habría existido, y a la vez el hombre que muestra su lado oscuro. Por él pasan las grandes victorias, el crimen contra Urías, la muerte del hijo amado y las venganzas personales. Su final, con la orden de David a Salomón, deja una pregunta que el texto no responde del todo: si el rey castiga por fin una sangre injusta, o si se deshace de un hombre que sabía demasiado y había apostado por el heredero equivocado.