Isaí entra en la historia como el final de una genealogía: Booz engendra a Obed, Obed a Isaí, e Isaí a David Rut 4:21-22. Vive en Belén, como su abuelo Booz. Ver Booz, Rut y Belén.
Después de rechazar a Saúl, Jehová envía a Samuel a Belén, a casa de Isaí, porque entre sus hijos se ha escogido un rey 1 Samuel 16:1. Samuel invita a Isaí y a sus hijos a un sacrificio. Cuando ve a Eliab, el mayor, piensa que ese es el ungido, pero Jehová le dice que no mire su aspecto ni su estatura: el hombre mira lo que tiene delante de los ojos, Jehová mira el corazón 1 Samuel 16:5-7. Isaí hace pasar uno tras otro a siete de sus hijos, y ninguno es el elegido. Samuel pregunta si son todos, e Isaí responde que queda el menor, que está con las ovejas. Samuel lo manda llamar, y unge a David en medio de sus hermanos 1 Samuel 16:8-13. Ver Samuel y David.
Su papel dentro de la Biblia
Isaí importa por su hijo, y la Biblia lo nombra sobre todo así: «el hijo de Isaí». En boca de Saúl, de Nabal o de los que se rebelan contra David, la expresión es despectiva: lo reduce a un hombre de origen corriente, sin linaje real 1 Samuel 20:30-31 1 Samuel 25:10. Cuando las tribus del norte rompen con la casa de David, gritan: «¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí» 1 Reyes 12:16. Ver división del reino.
Crónicas añade sus siete hijos y dos hijas, Sarvia y Abigail. Por ellas, Isaí es también abuelo de Joab, Abisai y Asael, los hijos de Sarvia, y de Amasa, el hijo de Abigail: los generales de David eran sus sobrinos 1 Crónicas 2:13-17. Samuel, en cambio, llama a Abigail hija de Nahas, aunque hermana de Sarvia 2 Samuel 17:25. Ver Joab.
Cómo lo recuerdan después
Isaías anuncia que «saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces», sobre el que reposará el Espíritu de Jehová Isaías 11:1-2, y que esa «raíz de Isaí» será estandarte para los pueblos Isaías 11:10. El profeta no dice «David» sino «Isaí»: la imagen es la de un árbol cortado del que vuelve a brotar la familia, como si la dinastía tuviera que empezar de nuevo desde su origen en Belén.