Una forma antigua
En los Salmos y Proverbios la bienaventuranza resume la sabiduría de una vida. «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos» abre el Salterio Salmos 1:1; «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada» celebra el perdón Salmos 32:1-2. No pide nada: constata quién es dichoso. Es distinta de la bendición, que invoca o concede un bien; la bienaventuranza declara un estado.
Las de Jesús
Mateo reúne nueve al comienzo del sermón del monte. Las ocho primeras tienen la misma forma: a quién se declara dichoso y por qué. Van de los «pobres en espíritu», a quienes pertenece «el reino de los cielos», a los perseguidos por causa de la justicia, de quienes también es el reino Mateo 5:3-10. La novena se dirige directamente a los oyentes: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen» Mateo 5:11-12.
Lucas tiene cuatro, en segunda persona y más concretas —«vosotros los pobres», «los que ahora tenéis hambre»—, seguidas de cuatro «¡ay de vosotros!»: ricos, saciados, los que ahora ríen y aquellos de quienes todos hablan bien Lucas 6:20-26.
En el resto del Nuevo Testamento
La forma reaparece en boca de Jesús resucitado, que dice a Tomás: «bienaventurados los que no vieron, y creyeron» Juan 20:29. El Apocalipsis contiene siete, repartidas por el libro; la primera, al comienzo: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía» Apocalipsis 1:3.