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Bienaventuranzas

También: Bienaventurado · Bienaventurados · Dichoso · Dichosos · Macarismo · Ashrei · Makários

Frases que declaran dichosa a una persona por su situación o su conducta: «Bienaventurado el que…». Son una forma literaria habitual en los Salmos y los libros de sabiduría, y el nombre se aplica sobre todo a las que abren el sermón del monte (Mateo 5:3-12) y el sermón del llano (Lucas 6:20-23).

En la Biblia

No son mandamientos ni promesas sueltas, sino un juicio sobre quién vive de verdad bien. El libro de los Salmos empieza con una: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos» (Salmos 1:1). Jesús las usa para dar la vuelta a lo que se tenía por dicha: declara bienaventurados a los pobres, a los que lloran y a los perseguidos (Mateo 5:3-12).

Etimología

Traducen el hebreo אַשְׁרֵי ashrê, «¡dichoso!», «¡qué feliz!», y el griego makários, «feliz, afortunado». Por eso la forma se llama también macarismo. Otras traducciones españolas dicen «dichosos» o «felices»; la Reina-Valera conserva «bienaventurados»: de bien y aventurado, el que tiene buena «ventura», buena suerte.

Una forma antigua

En los Salmos y Proverbios la bienaventuranza resume la sabiduría de una vida. «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos» abre el Salterio Salmos 1:1; «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada» celebra el perdón Salmos 32:1-2. No pide nada: constata quién es dichoso. Es distinta de la bendición, que invoca o concede un bien; la bienaventuranza declara un estado.

Las de Jesús

Mateo reúne nueve al comienzo del sermón del monte. Las ocho primeras tienen la misma forma: a quién se declara dichoso y por qué. Van de los «pobres en espíritu», a quienes pertenece «el reino de los cielos», a los perseguidos por causa de la justicia, de quienes también es el reino Mateo 5:3-10. La novena se dirige directamente a los oyentes: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen» Mateo 5:11-12.

Lucas tiene cuatro, en segunda persona y más concretas —«vosotros los pobres», «los que ahora tenéis hambre»—, seguidas de cuatro «¡ay de vosotros!»: ricos, saciados, los que ahora ríen y aquellos de quienes todos hablan bien Lucas 6:20-26.

En el resto del Nuevo Testamento

La forma reaparece en boca de Jesús resucitado, que dice a Tomás: «bienaventurados los que no vieron, y creyeron» Juan 20:29. El Apocalipsis contiene siete, repartidas por el libro; la primera, al comienzo: «Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía» Apocalipsis 1:3.

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