El encuentro tenía un límite. Después de la muerte de dos de sus hijos por ofrecer un fuego que no se les había mandado Levítico 10:1-2, Aarón recibe una advertencia: no puede entrar en cualquier momento tras el velo, ante el propiciatorio, para no morir, porque Dios se aparecerá en la nube sobre el propiciatorio Levítico 16:2. El texto establece entonces el único día del año en que se cruzaba ese velo Levítico 16:34: el diez del mes séptimo, día de ayuno para todo el pueblo Levítico 16:29-30.
Ese día el sumo sacerdote no llevaba sus vestiduras de oro y piedras, sino una túnica, unos calzones, un cinto y una mitra, todo de lino, después de lavarse Levítico 16:4. Nadie más podía estar en la tienda mientras él estaba dentro Levítico 16:17. Lo primero que hacía al pasar el velo no tenía que ver con la sangre: tomaba un incensario con brasas del altar y dos puñados de incienso, echaba el incienso sobre el fuego, y la nube cubría el propiciatorio «para que no muera» Levítico 16:12-13. Entre él y la tapa quedaba la nube.
Después venía la sangre. Con el dedo rociaba la del becerro, ofrecido por él y por su casa, sobre la cara del propiciatorio, del lado oriental, y siete veces delante de él Levítico 16:11 Levítico 16:14. Luego salía, degollaba el macho cabrío del pueblo y volvía a entrar para hacer lo mismo con su sangre Levítico 16:15. Así hacía expiación por el santuario a causa de las impurezas y rebeliones de Israel, y por la tienda que estaba en medio de ellas Levítico 16:16. El otro macho cabrío, el de Azazel, no se sacrificaba: cargado con los pecados del pueblo, se llevaba al desierto Levítico 16:10.
Obra de arte