La razón de ser del objeto no es cerrar un cofre. Las instrucciones lo dicen en primera persona: allí se encontrará Dios con Moisés y le hablará desde encima del propiciatorio, de entre los dos querubines, todo lo que tenga que mandar a Israel Éxodo 25:22. Es el único mueble del santuario al que el texto da esa función. El altar del incienso, en la sala de delante, se coloca precisamente de cara a él, al otro lado del velo, «donde me encontraré contigo» Éxodo 30:6.
Números muestra que así ocurría. Cuando Moisés entraba en la tienda para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba desde encima del propiciatorio, de entre los querubines Números 7:89. No se describe ninguna figura: solo una voz, y un lugar exacto de donde venía.
De ahí sale una de las fórmulas con que Israel nombró a su Dios: Jehová, «que mora entre los querubines». La usan el relato del arca llevada a la batalla 1 Samuel 4:4, la oración de Ezequías ante la amenaza asiria 2 Reyes 19:15 y varios salmos Salmos 80:1 Salmos 99:1. El espacio vacío sobre la tapa, entre las alas, era el punto donde se situaba la presencia.