La respuesta del pueblo
En el Antiguo Testamento el amén es casi siempre una respuesta. Cuando los levitas pronuncian las maldiciones de la Ley, «todo el pueblo responderá y dirá: Amén» a cada una Deuteronomio 27:15-26: es aceptar el pacto con sus consecuencias. Cuando Esdras bendice a Jehová al abrir el libro de la Ley, «todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén!» alzando las manos Nehemías 8:6. Cada uno de los cinco libros de los Salmos se cierra con una doxología y un doble amén Salmos 41:13.
«De cierto os digo»
Jesús hace algo que no tiene paralelo claro: pone el amén al principio, no al final. Donde la Reina-Valera dice «De cierto os digo», el griego dice Amḗn légō hymîn, «Amén os digo», y en Juan se duplica: «De cierto, de cierto te digo» Juan 3:3. En lugar de confirmar lo que dijo otro, Jesús garantiza de antemano lo que él mismo va a decir.
En la iglesia
Las primeras comunidades conservaron la palabra en hebreo. Pablo da por hecho que la asamblea responde «el Amén» a la acción de gracias, y por eso pide que se ore de modo comprensible 1 Corintios 14:16. Y la convierte en título de Cristo: todas las promesas de Dios «son en él Sí, y en él Amén» 2 Corintios 1:20. El Apocalipsis llama a Jesús «el Amén» Apocalipsis 3:14, y la Biblia termina con esa palabra: «Amén; sí, ven, Señor Jesús» Apocalipsis 22:20-21.