De Nicodemo solo habla el evangelio de Juan, y en tres momentos: una conversación de noche, una frase ante sus
colegas y una sepultura. Entre la primera y la última pasan, según la cronología de Juan, unos dos años. Lo que
cambia entre una y otra es lo que hace que muchos lectores lo sigan con atención: un hombre con autoridad que se acerca
a Jesús a escondidas y acaba haciéndose cargo de su cuerpo a la vista de todos.
Jesús pasa del «tú» al «vosotros»: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, y no recibís
nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de cosas terrenales, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?
Juan 3:11-12. Nicodemo había llegado diciendo «sabemos»; ahora la respuesta se dirige a todos los que
representa.
Nadie ha subido al cielo, sigue Jesús, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre Juan 3:13.
Y le recuerda una escena que un maestro de Israel conocía bien: en el desierto, cuando las serpientes mordían al pueblo,
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta, y el que la miraba vivía
Números 21:8-9. «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre
sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» Juan 3:14-15.
Ver la serpiente de bronce, Moisés y el
Hijo del Hombre.
Siguen las palabras más conocidas del capítulo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios no envió a su Hijo para
condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él Juan 3:16-17. El Hijo que Dios da no es un
enviado distinto de él: es el mismo Dios que en el principio era el Verbo y que «fue hecho carne, y habitó entre
nosotros» Juan 1:1Juan 1:14. Por eso el que habla con Nicodemo puede decir que ha
descendido del cielo: es Dios manifestado en carne 1 Timoteo 3:16. Ver
Hijo de Dios y logos.
El pasaje termina con la luz y las tinieblas: la condenación es que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas; el que practica la verdad, en cambio, viene a la luz
Juan 3:19-21. El relato no dice qué respondió Nicodemo ni cómo se fue. Ver luz y
vida eterna.
Su papel dentro de la Biblia
Nicodemo no hace milagros, no predica ni lidera nada. Su papel en el evangelio de Juan es el de un testigo que cambia de
lugar. En la primera escena es el interlocutor de una de las enseñanzas centrales del evangelio: el nuevo nacimiento,
la cruz como serpiente levantada y el amor de Dios por el mundo. En la segunda, demuestra que no todos los fariseos y
gobernantes estaban contra Jesús, como también lo dice Juan de otros que creían en secreto
Juan 12:42. En la tercera, junto a José de Arimatea, se ocupa de Jesús cuando sus discípulos más cercanos
se han dispersado.
Su recorrido sirve también a una pregunta que el evangelio plantea a sus lectores: qué hacer con lo que se ha visto.
Juan escribe para que el lector crea Juan 20:31, y Nicodemo es uno de los pocos personajes cuya respuesta
el lector puede seguir a lo largo de dos años.
Cómo fue recordado
Fuera de los tres pasajes de Juan, la Biblia no vuelve a nombrarlo. La tradición cristiana sí lo recordó, y las iglesias
católica y ortodoxa lo veneran como santo.