De Nicodemo solo habla el evangelio de Juan, y en tres momentos: una conversación de noche, una frase ante sus
colegas y una sepultura. Entre la primera y la última pasan, según la cronología de Juan, unos dos años. Lo que
cambia entre una y otra es lo que hace que muchos lectores lo sigan con atención: un hombre con autoridad que se acerca
a Jesús a escondidas y acaba haciéndose cargo de su cuerpo a la vista de todos.
Han pasado meses. Es la fiesta de los Tabernáculos y Jesús enseña en el templo. Los principales sacerdotes y los
fariseos, al oír lo que la gente murmura de él, envían alguaciles a prenderlo Juan 7:32. En el último
día de la fiesta, Jesús se pone en pie y grita: si alguno tiene sed, venga a mí y beba. La multitud se divide: unos
dicen que es el Profeta, otros que es el Cristo, y otros preguntan si el Cristo va a venir de Galilea
Juan 7:37-43. Ver la fiesta de los Tabernáculos.
Los alguaciles vuelven con las manos vacías. «¿Por qué no le habéis traído?», les preguntan, y responden: «¡Jamás hombre
alguno ha hablado como este hombre!». Los fariseos se indignan: ¿también vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído
en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Esta gente que no sabe la ley, maldita es Juan 7:45-49.
Entonces habla Nicodemo, «el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos». No defiende a Jesús ni dice qué piensa
de él; hace una pregunta de jurista: «¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha
hecho?» Juan 7:50-51. La respuesta es una burla: «¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de
Galilea nunca se ha levantado profeta» Juan 7:52.
Su papel dentro de la Biblia
Nicodemo no hace milagros, no predica ni lidera nada. Su papel en el evangelio de Juan es el de un testigo que cambia de
lugar. En la primera escena es el interlocutor de una de las enseñanzas centrales del evangelio: el nuevo nacimiento,
la cruz como serpiente levantada y el amor de Dios por el mundo. En la segunda, demuestra que no todos los fariseos y
gobernantes estaban contra Jesús, como también lo dice Juan de otros que creían en secreto
Juan 12:42. En la tercera, junto a José de Arimatea, se ocupa de Jesús cuando sus discípulos más cercanos
se han dispersado.
Su recorrido sirve también a una pregunta que el evangelio plantea a sus lectores: qué hacer con lo que se ha visto.
Juan escribe para que el lector crea Juan 20:31, y Nicodemo es uno de los pocos personajes cuya respuesta
el lector puede seguir a lo largo de dos años.
Cómo fue recordado
Fuera de los tres pasajes de Juan, la Biblia no vuelve a nombrarlo. La tradición cristiana sí lo recordó, y las iglesias
católica y ortodoxa lo veneran como santo.