José presenta a su padre ante el faraón, y es Jacob, el pastor extranjero, quien bendice al rey de Egipto. Cuando el faraón le pregunta su edad, Jacob resume su vida: «Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida» Génesis 47:7-10. Vive diecisiete años más en Egipto Génesis 47:28.
Cerca de la muerte, hace jurar a José que no lo enterrará en Egipto, sino con sus padres Génesis 47:29-31. Cuando enferma, José le lleva a sus dos hijos, nacidos en Egipto. Jacob recuerda la promesa de Luz (Bet-el) y adopta a los dos nietos: Efraín y Manasés serán suyos, como Rubén y Simeón Génesis 48:1-6. Por eso, en las listas de las tribus, José no aparece como una tribu sino como dos.
José los coloca para que la mano derecha de su padre, la de la bendición principal, caiga sobre Manasés, el mayor. Jacob, casi ciego como lo estuvo Isaac, cruza los brazos y pone la derecha sobre Efraín. José intenta corregirlo, y Jacob se niega: «Lo sé, hijo mío, lo sé… pero su hermano menor será más grande que él» Génesis 48:10 Génesis 48:13-19. Bendice a los muchachos en nombre del Dios de sus padres, «el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal» Génesis 48:15-16.
Por último, reúne a los doce para decirles «lo que os ha de acontecer en los días venideros» Génesis 49:1. No son bendiciones iguales. Rubén pierde la preeminencia por acostarse con Bilha; Simeón y Leví reciben una maldición sobre su ira; Judá recibe la palabra más extensa: el cetro no se apartará de él «hasta que venga Siloh». José, «rama fructífera», recibe las bendiciones del Dios de su padre Génesis 49:3-12 Génesis 49:22-26. «Todos estos fueron las doce tribus de Israel» Génesis 49:28.
Su papel dentro de la Biblia
Jacob es el patriarca que convierte a una familia en un pueblo. Abraham recibe la promesa; Isaac la transmite; con Jacob, la promesa se multiplica en doce hijos y recibe un nombre colectivo. Desde entonces «Israel» y «Jacob» son también el nombre del pueblo entero: los profetas y los salmos los usan como sinónimos Isaías 41:8 Salmos 46:7. Las tribus se ordenan y se nombran a partir de sus hijos Éxodo 1:1-5 Números 1:5-15, y el Dios de Israel se presenta ante Moisés como «el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob» Éxodo 3:6 Éxodo 3:15.
Su historia es, además, la de un elegido que no es ejemplar. Engaña, negocia, favorece a unos hijos sobre otros, tiene miedo y no lo oculta. La Biblia no lo presenta como modelo moral, sino como alguien a quien Dios sostiene a pesar de él mismo y a quien transforma poco a poco: del voto con condiciones en Bet-el a la oración humilde junto al Jaboc, del hijo que engaña a un padre ciego al padre ciego que bendice a sabiendas.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
En los profetas, como espejo del pueblo. Oseas repasa su vida para acusar a Israel: en el vientre tomó a su hermano por el talón, luchó con el ángel, lloró y le rogó, y en Bet-el Dios habló con él Oseas 12:2-4; huyó a Aram y sirvió por una mujer Oseas 12:12. Jeremías juega con su nombre para describir una sociedad donde «todo hermano engaña» —en hebreo, ʿaqov yaʿqov, «suplanta como Jacob» Jeremías 9:4.
En la confesión de fe de Israel. El israelita que llevaba sus primicias al santuario debía empezar diciendo: «Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto» Deuteronomio 26:5. La historia de Israel empieza así con un antepasado sin tierra, vinculado a la familia aramea de Labán.
En la elección. Malaquías abre su libro con una frase de Dios: «Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» Malaquías 1:2-3. Pablo la une al oráculo del nacimiento para mostrar que la elección de Dios no depende de las obras: se decidió «no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal» Romanos 9:10-13.
En el Nuevo Testamento. Jesús usa la fórmula «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» para argumentar la resurrección: Dios «no es Dios de muertos, sino de vivos» Mateo 22:32, y anuncia que muchos se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino Mateo 8:11. En Samaria, junto a Sicar, está el «pozo de Jacob», cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José, y la mujer samaritana le pregunta a Jesús si es mayor que «nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo» Juan 4:5-6 Juan 4:12. Génesis no menciona ese pozo: es memoria local que el evangelio recoge. La carta a los Hebreos lo incluye entre los que vivieron por fe: bendijo a los hijos de José y adoró al morir Hebreos 11:20-21, y pone a Esaú como advertencia de quien vende su herencia por una comida Hebreos 12:16-17.
Historia y evidencia
No hay ninguna mención de Jacob fuera de la Biblia, y no se espera encontrarla: era el jefe de un clan de pastores, no un rey que dejara inscripciones.
Otros con el mismo nombre
- Jacob, padre de José, el esposo de María, en la genealogía de Jesús según Mateo Mateo 1:15-16. Lucas da otro nombre para el padre de José: Elí Lucas 3:23. No tiene ficha propia.
- Santiago. El nombre griego Iákōbos, que en el Nuevo Testamento se traduce «Santiago», es la forma griega de Jacob. Lo llevan, entre otros, Santiago hijo de Zebedeo y Santiago hijo de Alfeo.