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Jacob se enriquece con las ovejas manchadas y huye de Labán

Gn 30 Génesis 30:25—31:55

Antiguo Testamento Génesis c. siglo XIX a.C. (Bronce Medio), según la cronología del Génesis; vivió 147 años

§ La escena

Nacido José, Jacob pide volver a su tierra. Labán reconoce que lo ha bendecido por causa de él y le pide que fije su salario Génesis 30:25-28. Jacob pide algo que parece poco: las cabras y ovejas manchadas, salpicadas o de color oscuro, que eran las menos comunes Génesis 30:31-33. Labán acepta y ese mismo día aparta a sus hijos todos los animales de esos colores, a tres días de camino Génesis 30:34-36.

Jacob responde con varas peladas a tiras que pone en los abrevaderos cuando los animales fuertes se aparean, y las crías salen rayadas y manchadas. Se hace muy rico: rebaños, siervos, camellos y asnos Génesis 30:37-43. El texto no explica el mecanismo, y más adelante Jacob mismo lo atribuye a otra causa: en un sueño, el ángel de Dios le muestra que los machos eran manchados «porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho» Génesis 31:10-12.

Los hijos de Labán murmuran, y el rostro de Labán ya no es el de antes. El Señor le dice a Jacob que vuelva Génesis 31:1-3. Jacob llama a Raquel y Lea al campo, lejos de oídos ajenos, y les cuenta que su padre le cambió el salario diez veces. Ellas no dudan: ya no tienen parte en la casa de su padre Génesis 31:4-16.

Se van sin avisar mientras Labán esquila sus ovejas. Raquel roba los ídolos de su padre, los terafim. Jacob cruza el Éufrates y se dirige a los montes de Galaad Génesis 31:19-21.

Labán lo alcanza al cabo de siete días, pero Dios le advierte en sueños que no le haga daño Génesis 31:22-24. Reclama sus dioses. Jacob, que no sabe nada, promete la muerte de quien los tenga. Raquel los ha escondido en la montura del camello y se sienta encima; se excusa de no levantarse diciendo que tiene la menstruación, y Labán no los encuentra Génesis 31:30-35.

Entonces estalla Jacob, después de veinte años: catorce por las hijas, seis por el ganado, el calor del día, la helada de la noche, los animales perdidos que pagaba de su bolsillo. Si el Dios de su padre, «el temor de Isaac», no hubiera estado con él, lo habría despedido con las manos vacías Génesis 31:36-42.

Hacen un pacto y levantan un montón de piedras como testigo y frontera. Labán lo llama en arameo y Jacob en hebreo, los dos con el mismo sentido: «montón del testimonio». También lo llaman Mizpa, «atalaya»: «Atalaya sea Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro» Génesis 31:44-52. A la mañana, Labán besa a sus hijas y nietos y vuelve a su casa Génesis 31:55.

Su papel dentro de la Biblia

Jacob es el patriarca que convierte a una familia en un pueblo. Abraham recibe la promesa; Isaac la transmite; con Jacob, la promesa se multiplica en doce hijos y recibe un nombre colectivo. Desde entonces «Israel» y «Jacob» son también el nombre del pueblo entero: los profetas y los salmos los usan como sinónimos Isaías 41:8 Salmos 46:7. Las tribus se ordenan y se nombran a partir de sus hijos Éxodo 1:1-5 Números 1:5-15, y el Dios de Israel se presenta ante Moisés como «el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob» Éxodo 3:6 Éxodo 3:15.

Su historia es, además, la de un elegido que no es ejemplar. Engaña, negocia, favorece a unos hijos sobre otros, tiene miedo y no lo oculta. La Biblia no lo presenta como modelo moral, sino como alguien a quien Dios sostiene a pesar de él mismo y a quien transforma poco a poco: del voto con condiciones en Bet-el a la oración humilde junto al Jaboc, del hijo que engaña a un padre ciego al padre ciego que bendice a sabiendas.

Cómo lo recuerda el resto de la Biblia

En los profetas, como espejo del pueblo. Oseas repasa su vida para acusar a Israel: en el vientre tomó a su hermano por el talón, luchó con el ángel, lloró y le rogó, y en Bet-el Dios habló con él Oseas 12:2-4; huyó a Aram y sirvió por una mujer Oseas 12:12. Jeremías juega con su nombre para describir una sociedad donde «todo hermano engaña» —en hebreo, ʿaqov yaʿqov, «suplanta como Jacob» Jeremías 9:4.

En la confesión de fe de Israel. El israelita que llevaba sus primicias al santuario debía empezar diciendo: «Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto» Deuteronomio 26:5. La historia de Israel empieza así con un antepasado sin tierra, vinculado a la familia aramea de Labán.

En la elección. Malaquías abre su libro con una frase de Dios: «Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» Malaquías 1:2-3. Pablo la une al oráculo del nacimiento para mostrar que la elección de Dios no depende de las obras: se decidió «no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal» Romanos 9:10-13.

En el Nuevo Testamento. Jesús usa la fórmula «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» para argumentar la resurrección: Dios «no es Dios de muertos, sino de vivos» Mateo 22:32, y anuncia que muchos se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino Mateo 8:11. En Samaria, junto a Sicar, está el «pozo de Jacob», cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José, y la mujer samaritana le pregunta a Jesús si es mayor que «nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo» Juan 4:5-6 Juan 4:12. Génesis no menciona ese pozo: es memoria local que el evangelio recoge. La carta a los Hebreos lo incluye entre los que vivieron por fe: bendijo a los hijos de José y adoró al morir Hebreos 11:20-21, y pone a Esaú como advertencia de quien vende su herencia por una comida Hebreos 12:16-17.

Historia y evidencia

No hay ninguna mención de Jacob fuera de la Biblia, y no se espera encontrarla: era el jefe de un clan de pastores, no un rey que dejara inscripciones.

Otros con el mismo nombre

  • Jacob, padre de José, el esposo de María, en la genealogía de Jesús según Mateo Mateo 1:15-16. Lucas da otro nombre para el padre de José: Elí Lucas 3:23. No tiene ficha propia.
  • Santiago. El nombre griego Iákōbos, que en el Nuevo Testamento se traduce «Santiago», es la forma griega de Jacob. Lo llevan, entre otros, Santiago hijo de Zebedeo y Santiago hijo de Alfeo.
§ Escenas alrededor · Jacob