Un día Jacob está cocinando un guiso y Esaú llega del campo agotado. Le pide «de ese guiso rojo», y el narrador aprovecha la palabra: por eso a Esaú lo llamaron Edom, «rojo» Génesis 25:29-30. Jacob pone precio: que le venda primero su primogenitura. Esaú responde que se está muriendo y que de qué le sirve; Jacob le exige un juramento, y Esaú jura y vende Génesis 25:31-33.
Jacob le da pan y el guiso, que era de lentejas, y Esaú come, bebe, se levanta y se va. El narrador, que casi nunca juzga, cierra con un veredicto: «Así menospreció Esaú la primogenitura» Génesis 25:34. No dice nada a favor ni en contra de Jacob, que aprovechó el hambre de su hermano.
Su papel dentro de la Biblia
Jacob es el patriarca que convierte a una familia en un pueblo. Abraham recibe la promesa; Isaac la transmite; con Jacob, la promesa se multiplica en doce hijos y recibe un nombre colectivo. Desde entonces «Israel» y «Jacob» son también el nombre del pueblo entero: los profetas y los salmos los usan como sinónimos Isaías 41:8 Salmos 46:7. Las tribus se ordenan y se nombran a partir de sus hijos Éxodo 1:1-5 Números 1:5-15, y el Dios de Israel se presenta ante Moisés como «el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob» Éxodo 3:6 Éxodo 3:15.
Su historia es, además, la de un elegido que no es ejemplar. Engaña, negocia, favorece a unos hijos sobre otros, tiene miedo y no lo oculta. La Biblia no lo presenta como modelo moral, sino como alguien a quien Dios sostiene a pesar de él mismo y a quien transforma poco a poco: del voto con condiciones en Bet-el a la oración humilde junto al Jaboc, del hijo que engaña a un padre ciego al padre ciego que bendice a sabiendas.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
En los profetas, como espejo del pueblo. Oseas repasa su vida para acusar a Israel: en el vientre tomó a su hermano por el talón, luchó con el ángel, lloró y le rogó, y en Bet-el Dios habló con él Oseas 12:2-4; huyó a Aram y sirvió por una mujer Oseas 12:12. Jeremías juega con su nombre para describir una sociedad donde «todo hermano engaña» —en hebreo, ʿaqov yaʿqov, «suplanta como Jacob» Jeremías 9:4.
En la confesión de fe de Israel. El israelita que llevaba sus primicias al santuario debía empezar diciendo: «Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto» Deuteronomio 26:5. La historia de Israel empieza así con un antepasado sin tierra, vinculado a la familia aramea de Labán.
En la elección. Malaquías abre su libro con una frase de Dios: «Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» Malaquías 1:2-3. Pablo la une al oráculo del nacimiento para mostrar que la elección de Dios no depende de las obras: se decidió «no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal» Romanos 9:10-13.
En el Nuevo Testamento. Jesús usa la fórmula «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» para argumentar la resurrección: Dios «no es Dios de muertos, sino de vivos» Mateo 22:32, y anuncia que muchos se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino Mateo 8:11. En Samaria, junto a Sicar, está el «pozo de Jacob», cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José, y la mujer samaritana le pregunta a Jesús si es mayor que «nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo» Juan 4:5-6 Juan 4:12. Génesis no menciona ese pozo: es memoria local que el evangelio recoge. La carta a los Hebreos lo incluye entre los que vivieron por fe: bendijo a los hijos de José y adoró al morir Hebreos 11:20-21, y pone a Esaú como advertencia de quien vende su herencia por una comida Hebreos 12:16-17.
Historia y evidencia
No hay ninguna mención de Jacob fuera de la Biblia, y no se espera encontrarla: era el jefe de un clan de pastores, no un rey que dejara inscripciones.
Otros con el mismo nombre
- Jacob, padre de José, el esposo de María, en la genealogía de Jesús según Mateo Mateo 1:15-16. Lucas da otro nombre para el padre de José: Elí Lucas 3:23. No tiene ficha propia.
- Santiago. El nombre griego Iákōbos, que en el Nuevo Testamento se traduce «Santiago», es la forma griega de Jacob. Lo llevan, entre otros, Santiago hijo de Zebedeo y Santiago hijo de Alfeo.