Nicodemo
Nicodemo, fariseo y principal entre los judíos, va a ver a Jesús de noche. Jesús le dice: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». Nicodemo lo toma al pie de la letra: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?». Jesús precisa: «el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios», y lo compara con el viento, que «sopla de donde quiere… mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» Juan 3:1-8. En griego, «viento» y «espíritu» son la misma palabra, pneûma (véase espíritu).
El prólogo del evangelio ya lo había anunciado: a los que lo recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales «no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» Juan 1:12-13.
La promesa de los profetas
Jesús reprocha a Nicodemo, maestro de Israel, que no entienda esto Juan 3:10. La razón probable es Ezequiel, donde Dios promete rociar agua limpia sobre su pueblo, darle «corazón nuevo» y poner dentro de él «espíritu nuevo» Ezequiel 36:25-27: agua y espíritu, como en Juan 3.
En las cartas
La imagen se repite con otras palabras. Dios «nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo» 1 Pedro 1:3, «siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios» 1 Pedro 1:23. Tito habla del «lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo» Tito 3:5, y Pablo de una «nueva criatura» 2 Corintios 5:17.