Fuera del Pentateuco, las ropas sacerdotales aparecen en escenas muy distintas. El niño Samuel sirve en Silo vestido con un efod de lino, y su madre le trae cada año una túnica pequeña que ella misma le hace 1 Samuel 2:18-19: un niño consagrado, vestido como un sacerdote.
Tras el exilio, al reconstruir el templo, entre las donaciones del pueblo figuran túnicas sacerdotales Esdras 2:68-69: había que volver a vestir al sacerdocio. Ezequiel, en su visión del templo futuro, manda que los sacerdotes vistan solo lino, nada de lana, para no sudar, y que se quiten esas ropas antes de salir al atrio exterior, para no santificar al pueblo con ellas Ezequiel 44:17-19.
La escena más elocuente es una visión de Zacarías. El sumo sacerdote Josué está en pie ante el ángel de Jehová, vestido de ropas viles, y Satanás a su derecha para acusarlo. El ángel manda quitarle las ropas sucias: «Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala». Y el profeta pide: «Pongan mitra limpia sobre su cabeza» Zacarías 3:1-5. El cambio de ropa es perdón y restauración del sacerdocio después del exilio.