La orden llega en el Sinaí, justo después de las instrucciones del santuario. Dios manda separar a Aarón y a sus hijos para el sacerdocio y hacer a Aarón «vestiduras sagradas… para honra y hermosura» Éxodo 28:1-2. Las harán los artesanos a quienes Dios ha llenado de sabiduría, y la lista cabe en un versículo: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón Éxodo 28:3-4. Los materiales son los mismos que los de las cortinas del tabernáculo: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido Éxodo 28:5.
La finalidad tiene dos caras. Las vestiduras son para honra y hermosura, y a la vez son condición para servir: sirven «para que sea mi sacerdote» Éxodo 28:3. Sin ellas, el sacerdote no oficia. Y el relato de la fabricación repite una y otra vez la misma fórmula, «como Jehová lo había mandado a Moisés» Éxodo 39:1: nada queda a gusto del sastre.