La primera carta a Timoteo lo presenta en Éfeso, donde Pablo le pidió que se quedara para frenar a unos maestros que enseñaban
otras doctrinas 1 Timoteo 1:2-3. Le da instrucciones para la oración, los dirigentes y las viudas de la
comunidad, y le habla como a un joven que tiene que hacerse respetar: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de
los creyentes» 1 Timoteo 4:12. Le recuerda las profecías que se habían dicho sobre él 1 Timoteo 1:18, la confesión de fe que
hizo delante de muchos testigos 1 Timoteo 6:12 y el don que recibió con la imposición de manos
1 Timoteo 4:14, y le da un consejo sobre su salud: «usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus
frecuentes enfermedades» 1 Timoteo 5:23. Ver Éfeso, anciano e
imposición de manos.
Su papel dentro de la Biblia
Timoteo es el ejemplo de la segunda generación de la iglesia: no conoció a Jesús ni fue apóstol, pero aprendió la fe de su
madre y de su abuela, la vio vivir en Pablo y recibió el encargo de transmitirla a otros: «lo que has oído de mí ante muchos
testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» 2 Timoteo 2:2. Su
historia muestra cómo trabajaba Pablo: no solo, sino con un equipo de colaboradores a los que enviaba en su nombre. La última
noticia de él está en la carta a los Hebreos, cuyo autor no da su nombre: «Sabed que está en libertad nuestro hermano
Timoteo», y si llega pronto, irá con él a verlos Hebreos 13:23. El verbo griego puede significar que salió de
la cárcel o que lo dejaron partir; la carta no explica más.