En Corinto, Silas y Timoteo se reúnen con Pablo Hechos 18:5, y Timoteo participa en la fundación de la iglesia 2 Corintios 1:19. Años después, desde Éfeso, Pablo vuelve a mandarlo allí: «os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo» 1 Corintios 4:17. Pide a los corintios que lo reciban sin que tenga nada que temer, «nadie le tenga en poco» 1 Corintios 16:10-11. En esa época Pablo lo envía también a Macedonia con Erasto Hechos 19:22. Ver Corinto.
Desde la cárcel, Pablo planea enviarlo a Filipos y lo elogia como a nadie: «a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio… Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio» Filipenses 2:19-22. Ver Filipos.
Su papel dentro de la Biblia
Timoteo es el ejemplo de la segunda generación de la iglesia: no conoció a Jesús ni fue apóstol, pero aprendió la fe de su madre y de su abuela, la vio vivir en Pablo y recibió el encargo de transmitirla a otros: «lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» 2 Timoteo 2:2. Su historia muestra cómo trabajaba Pablo: no solo, sino con un equipo de colaboradores a los que enviaba en su nombre. La última noticia de él está en la carta a los Hebreos, cuyo autor no da su nombre: «Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo», y si llega pronto, irá con él a verlos Hebreos 13:23. El verbo griego puede significar que salió de la cárcel o que lo dejaron partir; la carta no explica más.