El hambre llega a Canaán y Jacob manda a sus hijos a comprar grano, reteniendo solo a Benjamín por miedo a que le ocurra algo Génesis 42:1-4. Veinte años después, vuelve a tener un hijo preferido, y es el otro hijo de Raquel.
Se inclinan ante él con el rostro a tierra Génesis 42:6. El relato lo dice sin subrayarlo, pero es el sueño de las gavillas, cumplido por el mismo odio que pretendía impedirlo.
José los reconoce; ellos no Génesis 42:7-8. Es verosímil: lo dejaron siendo un muchacho de diecisiete años y tienen delante a un funcionario egipcio afeitado, vestido de lino y hablando por intérprete Génesis 42:23.
Los acusa de espías y los encierra tres días Génesis 42:9-17. Lo que sigue es una prueba, no una venganza: exige que traigan al hermano menor y retiene a Simeón como garantía Génesis 42:18-20. Quiere saber si harán con Benjamín lo mismo que hicieron con él.
Entonces ocurre la escena que descubre el juego. Hablando entre ellos, sin saber que los entiende, reconocen que son culpables por lo que hicieron con su hermano: vieron su angustia cuando les rogaba y no le escucharon Génesis 42:21. Es la primera vez en el relato que sabemos que José suplicó. El capítulo 37 no lo dijo. Lo sabemos veinte años después, por boca de quienes lo ignoraron.
José se aparta a llorar y vuelve Génesis 42:24. Llorará siete veces a lo largo del relato, siempre apartándose primero.
Manda devolverles el dinero escondido en los costales Génesis 42:25. El gesto es ambiguo a propósito: puede ser generosidad o puede ser una trampa, y ellos lo entienden como lo segundo — se les desmaya el corazón y se preguntan qué les está haciendo Dios Génesis 42:28.