Jacob, ya ciego de viejo, adopta como propios a Manasés y Efraín Génesis 48:5 y los bendice cruzando las manos: la derecha sobre el menor. José intenta corregirlo y su padre se niega Génesis 48:17-19. Es el mismo patrón de toda la familia —el menor por delante del mayor— repetido una vez más, y esta vez a propósito.
En la bendición sobre José, Jacob lo llama rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro, y recuerda a los arqueros que lo hostigaron Génesis 49:22-24.
Cuando Jacob muere, José manda embalsamarlo y Egipto lo llora setenta días Génesis 50:2-3. Sube a sepultarlo a Macpela con una comitiva de carros y gente del faraón, tan grande que los cananeos que la ven le ponen nombre al lugar Génesis 50:7-11.
Muerto el padre, los hermanos entran en pánico: suponen que José solo estaba esperando a que Jacob no estuviera Génesis 50:15. Le mandan un recado diciendo que su padre había pedido que los perdonara, y luego se presentan ofreciéndose como siervos Génesis 50:16-18. Diecisiete años después del perdón, siguen sin creérselo.
José llora otra vez Génesis 50:17 y responde con la frase que resume toda su historia: ellos pensaron mal contra él, pero Dios lo encaminó a bien, para mantener con vida a mucha gente Génesis 50:20. Antes les había preguntado si acaso estaba él en lugar de Dios Génesis 50:19: el perdón, en su boca, es primero una renuncia a ocupar el sitio del juez.
José vive ciento diez años, alcanza a ver a los bisnietos de Efraín y a los hijos de Maquir Génesis 50:22-23. Al morir no pide ser llevado a Canaán de inmediato: hace jurar que cuando Dios los visite y los saque de allí, se lleven sus huesos Génesis 50:24-25. Lo embalsaman y lo ponen en un ataúd en Egipto Génesis 50:26, y el libro del Génesis termina así — con un féretro esperando.
Esperó unos cuatrocientos años. Moisés se llevó los huesos la noche de la salida Éxodo 13:19, y acabaron enterrados en Siquem Josué 24:32: el mismo lugar al que había ido, de muchacho, a buscar a sus hermanos.