Al saber lo del decreto, Mardoqueo rasga sus vestidos y se viste de cilicio, y en todas las provincias hay luto, ayuno y llanto
entre los judíos Ester 4:1-3. Ester, que no sabe nada, le manda ropa; él la rechaza y le envía, por medio de un
eunuco, una copia del decreto y el encargo de presentarse al rey para interceder por su pueblo Ester 4:4-8.
Ester responde con un hecho que todos conocen: cualquiera que entre en el patio interior del rey sin ser llamado muere, salvo que
el rey le extienda su cetro de oro, y a ella no la ha llamado en treinta días Ester 4:10-11. La respuesta de
Mardoqueo es la frase central del libro: que no piense que en la casa del rey escapará más que los demás judíos; si calla,
el socorro vendrá de otra parte, pero ella y la casa de su padre perecerán. «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al
reino?» Ester 4:13-14.
Ester toma entonces la iniciativa y da órdenes ella: que Mardoqueo reúna a los judíos de Susa y ayunen por ella tres días, sin
comer ni beber, y ella hará lo mismo con sus doncellas. «Entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco,
que perezca». Mardoqueo hace lo que ella le manda Ester 4:15-17. Ver el ayuno.
Historia, texto y canon
Su papel dentro de la Biblia
Ester es la única mujer, con Rut, que da nombre a un libro de la Biblia hebrea, y la protagonista de una historia que
transcurre entera en la corte de un imperio extranjero. Pasa de huérfana obediente que calla su origen a reina que da
órdenes, revela quién es y firma con su autoridad la fiesta que lo recuerda. Su historia explica el origen de Purim, que el
judaísmo sigue celebrando leyendo el libro entero, y plantea una pregunta que no resuelve: cómo actúa Dios cuando nadie lo nombra.