Al tercer día, Ester se viste con sus vestidos reales y entra en el patio interior, frente al aposento del rey. Asuero la ve,
le extiende el cetro de oro y ella toca su punta. «¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se
te dará» Ester 5:1-3.
Ester no pide lo que necesita. Invita al rey y a Amán a un banquete ese mismo día, y en él, cuando el rey le repite la oferta,
los invita a otro banquete al día siguiente: entonces hará su petición Ester 5:4-8. Amán sale feliz, pero al ver a
Mardoqueo, que no se levanta ante él, se llena de ira. Por consejo de su mujer y de sus amigos, manda levantar una horca de
cincuenta codos para colgar en ella a Mardoqueo Ester 5:9-14.
Esa noche el rey no puede dormir. Pide que le lean las crónicas, oye cómo Mardoqueo le salvó la vida y descubre que nunca se le
recompensó. Por la mañana, el mismo Amán, que venía a pedir la muerte de Mardoqueo, tiene que llevarlo por la plaza vestido con
ropa real y proclamar su honra Ester 6:1-11.
Historia, texto y canon
Su papel dentro de la Biblia
Ester es la única mujer, con Rut, que da nombre a un libro de la Biblia hebrea, y la protagonista de una historia que
transcurre entera en la corte de un imperio extranjero. Pasa de huérfana obediente que calla su origen a reina que da
órdenes, revela quién es y firma con su autoridad la fiesta que lo recuerda. Su historia explica el origen de Purim, que el
judaísmo sigue celebrando leyendo el libro entero, y plantea una pregunta que no resuelve: cómo actúa Dios cuando nadie lo nombra.