Ese día el rey da a Ester la casa de Amán. Ella revela qué parentesco la une a Mardoqueo, y el rey le entrega a él el anillo que
había quitado a Amán; Ester pone a Mardoqueo al frente de la casa de Amán Ester 8:1-2. Pero el decreto sigue en
pie. Ester vuelve a presentarse ante el rey, se echa a sus pies llorando y le ruega que anule las cartas de Amán: «¿Cómo podré yo
ver el mal que alcanzará a mi pueblo?» Ester 8:3-6.
El rey responde que un escrito sellado con su anillo no puede revocarse, pero les da permiso para escribir en su nombre lo que
quieran Ester 8:7-8. Mardoqueo redacta un nuevo decreto: el mismo día trece de Adar, los judíos de cada ciudad
podrán reunirse y defenderse de quienes los ataquen Ester 8:9-14. En las provincias hay luz y alegría, y muchos
de entre los pueblos se hacen judíos Ester 8:16-17.
Historia, texto y canon
Su papel dentro de la Biblia
Ester es la única mujer, con Rut, que da nombre a un libro de la Biblia hebrea, y la protagonista de una historia que
transcurre entera en la corte de un imperio extranjero. Pasa de huérfana obediente que calla su origen a reina que da
órdenes, revela quién es y firma con su autoridad la fiesta que lo recuerda. Su historia explica el origen de Purim, que el
judaísmo sigue celebrando leyendo el libro entero, y plantea una pregunta que no resuelve: cómo actúa Dios cuando nadie lo nombra.