Al final del reinado de David, su hijo Adonías se proclama heredero. Habla con Joab, el jefe del ejército, y con el sacerdote Abiatar, que lo apoyan; Sadoc, en cambio, está con Salomón 1 Reyes 1:7-8. Mientras Adonías celebra su banquete, David hace ungir a Salomón. Es Jonatán, hijo de Abiatar, quien llega a dar la noticia a los invitados, que se dispersan aterrados 1 Reyes 1:41-49. Ver Adonías.
Muerto David, Salomón elimina a los que sostuvieron a su rival. A Abiatar no lo mata, y le explica por qué: lo manda a sus tierras de Anatot; merece la muerte, pero llevó el arca delante de David y compartió todas sus aflicciones. Lo expulsa del sacerdocio, y el narrador añade que así se cumplió la palabra sobre la casa de Elí en Silo 1 Reyes 2:26-27. Sadoc queda en lugar de Abiatar 1 Reyes 2:35, aunque la lista de oficiales de Salomón sigue nombrando a «Sadoc y Abiatar» como sacerdotes 1 Reyes 4:4. Ver Salomón y Anatot.
Su papel dentro de la Biblia
Abiatar es el puente entre la casa sacerdotal de Elí y el reinado de David. Su presencia junto a David desde los años de fugitivo sirve al narrador para mostrar que Dios estaba con David y no con Saúl: el rey mata a los sacerdotes, y el último de ellos, con el efod, se va con el ungido. Su caída marca el final de su linaje en el sacerdocio de Jerusalén y el ascenso definitivo de la familia de Sadoc.