Abiatar no llega con las manos vacías: «descendió con el efod en su mano» 1 Samuel 23:6. David acaba de librar la ciudad de Keila de los filisteos, y cuando se entera de que Saúl planea sitiarlo allí, le dice a Abiatar: «Trae el efod». Pregunta a Dios si Saúl vendrá y si los de Keila lo entregarán; la respuesta es sí a las dos preguntas, y David huye con sus seiscientos hombres 1 Samuel 23:9-13. Ver Keila.
Años después, cuando los amalecitas saquean Siclag y se llevan a las familias de David y de sus hombres, David vuelve a pedirle a Abiatar el efod y pregunta si debe perseguirlos. La respuesta es: «Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás» 1 Samuel 30:7-8. Ver Siclag.
Su papel dentro de la Biblia
Abiatar es el puente entre la casa sacerdotal de Elí y el reinado de David. Su presencia junto a David desde los años de fugitivo sirve al narrador para mostrar que Dios estaba con David y no con Saúl: el rey mata a los sacerdotes, y el último de ellos, con el efod, se va con el ungido. Su caída marca el final de su linaje en el sacerdocio de Jerusalén y el ascenso definitivo de la familia de Sadoc.