David, que huye de Saúl, pasa por Nob, la ciudad de los sacerdotes. El sacerdote Ahimelec, padre de Abiatar, le da los panes sagrados y la espada de Goliat sin saber que es un fugitivo. Lo ve Doeg, un edomita al servicio de Saúl 1 Samuel 21:1-9. Ver Nob.
Saúl manda llamar a Ahimelec y a toda la casa de su padre, los sacerdotes de Nob. Ahimelec se defiende: ¿quién entre tus siervos es tan fiel como David, el yerno del rey? Saúl lo condena a muerte. Su guardia se niega a tocar a los sacerdotes de Jehová, y es Doeg quien los mata: ochenta y cinco hombres que vestían efod. Después pasa a espada a toda la ciudad 1 Samuel 22:11-19.
Solo uno escapa: Abiatar, hijo de Ahimelec, que huye a David y le cuenta lo sucedido. David asume su parte: «Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre». Y le ofrece su protección: «Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo» 1 Samuel 22:20-23. Ver David y Saúl.
Su papel dentro de la Biblia
Abiatar es el puente entre la casa sacerdotal de Elí y el reinado de David. Su presencia junto a David desde los años de fugitivo sirve al narrador para mostrar que Dios estaba con David y no con Saúl: el rey mata a los sacerdotes, y el último de ellos, con el efod, se va con el ungido. Su caída marca el final de su linaje en el sacerdocio de Jerusalén y el ascenso definitivo de la familia de Sadoc.