La serpiente desaparece del relato del desierto y reaparece siglos después en Jerusalén. Ezequías, rey de Judá, hace lo recto ante los ojos de Jehová: quita los lugares altos, quiebra las imágenes, corta los símbolos de Asera, «e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán» 2 Reyes 18:3-4. Ver Ezequías y lugares altos.
Lo que el texto permite afirmar y lo que no
El texto dice que la serpiente era de bronce o cobre, que estaba sobre un asta, que la hizo Moisés por orden de Dios y que se conservó hasta Ezequías, que la destruyó. No dice su tamaño, ni su forma exacta —enroscada en el asta, como suele pintarse, o en lo alto—, ni dónde se guardó durante siglos. No tiene relación con el bastón con una serpiente de Asclepio, el dios griego de la medicina, aunque a veces se confundan los dos símbolos.