Nicodemo, un fariseo principal, va de noche a ver a Jesús, y Jesús le habla de nacer de nuevo y de las cosas celestiales Juan 3:1-12. Entonces recurre a la escena del desierto: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» Juan 3:14-15. Ver Jesús y el Hijo del Hombre.
Pablo, por su parte, recuerda el episodio como advertencia: no tentemos al Señor, como algunos de ellos lo tentaron, «y perecieron por las serpientes» 1 Corintios 10:9.
Lo que el texto permite afirmar y lo que no
El texto dice que la serpiente era de bronce o cobre, que estaba sobre un asta, que la hizo Moisés por orden de Dios y que se conservó hasta Ezequías, que la destruyó. No dice su tamaño, ni su forma exacta —enroscada en el asta, como suele pintarse, o en lo alto—, ni dónde se guardó durante siglos. No tiene relación con el bastón con una serpiente de Asclepio, el dios griego de la medicina, aunque a veces se confundan los dos símbolos.