Isaac tiene cuarenta años cuando se casa, y sesenta cuando nacen sus hijos: veinte años sin descendencia. Ruega por su mujer, que es estéril, y Rebeca concibe Génesis 25:20-21 Génesis 25:26. Pero el embarazo es duro: los niños luchan dentro de ella. «Si es así, ¿para qué vivo yo?», dice, y va a consultar a Jehová Génesis 25:22.
La respuesta es para ella: dos naciones hay en tu seno, dos pueblos serán divididos desde tus entrañas, uno será más fuerte que el otro, «y el mayor servirá al menor» Génesis 25:23. Nacen Esaú, rojizo y velludo, y Jacob, agarrado a su talón. Isaac prefiere a Esaú, que le trae caza; «mas Rebeca amaba a Jacob» Génesis 25:24-28. Ver Esaú y Jacob.
Su papel dentro de la Biblia
Rebeca es el eslabón entre Abraham y Jacob. Asegura la continuidad de la familia de la promesa, recibe el oráculo que anuncia el destino de sus hijos y actúa para que se cumpla. De las matriarcas del Génesis, es la que más decide por sí misma: acepta ir a Canaán, consulta a Dios y organiza la bendición. Pablo la recuerda al explicar la elección: cuando Rebeca concibió de Isaac, antes de que los gemelos nacieran, se le dijo que el mayor serviría al menor Romanos 9:10-12.