Abraham, ya viejo, hace jurar a su siervo más antiguo que no tomará para Isaac mujer de los cananeos, sino de su tierra y de su parentela Génesis 24:2-4. El siervo viaja con diez camellos a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor, y se detiene junto al pozo a la hora en que las mujeres salen a sacar agua. Pide a Dios una señal: que la joven a quien le pida de beber le ofrezca también agua para sus camellos Génesis 24:10-14.
Antes de que termine de hablar sale Rebeca, hija de Betuel, nieta de Nacor, con su cántaro al hombro. Es muy hermosa y doncella. Baja a la fuente, llena el cántaro, y cuando el siervo le pide un poco de agua le da de beber y añade: para tus camellos también sacaré, hasta que acaben de beber. Corre una y otra vez al pozo Génesis 24:15-20.
El siervo le da un pendiente de oro y dos brazaletes, le pregunta de quién es hija y si hay lugar para pasar la noche en casa de su padre. Cuando oye que es nieta de Nacor, se inclina y bendice a Jehová, que lo ha guiado a la casa de los hermanos de su amo Génesis 24:22-27.
Su papel dentro de la Biblia
Rebeca es el eslabón entre Abraham y Jacob. Asegura la continuidad de la familia de la promesa, recibe el oráculo que anuncia el destino de sus hijos y actúa para que se cumpla. De las matriarcas del Génesis, es la que más decide por sí misma: acepta ir a Canaán, consulta a Dios y organiza la bendición. Pablo la recuerda al explicar la elección: cuando Rebeca concibió de Isaac, antes de que los gemelos nacieran, se le dijo que el mayor serviría al menor Romanos 9:10-12.