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Vanidad

También: Vanidad de vanidades · Hebel · Hével · Soplo · Vano · Vanidades · Correr tras el viento

En la Biblia, «vanidad» no es el orgullo por el propio aspecto, sino lo que es vacío, pasajero o inútil. Es la palabra clave del Eclesiastés: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Eclesiastés 1:2). Los profetas la usan también para los ídolos, que son «nada».

En la Biblia

El Eclesiastés lo aplica al trabajo, la sabiduría, el placer y la riqueza, porque todo termina con la muerte. Su conclusión no es la desesperación, sino el temor de Dios: «Teme a Dios, y guarda sus mandamientos» (Eclesiastés 12:13). Pablo escribe que la creación «fue sujetada a vanidad» en espera de su liberación (Romanos 8:20).

Etimología

Traduce el hebreo הֶבֶל hebel, que significa «soplo, vaho, aliento»: algo que se ve y desaparece, como el vapor del aliento en el frío. «Vanidad de vanidades» es un superlativo hebreo: «el mayor de los soplos», «absolutamente efímero». Es también el nombre de Abel, cuya vida fue breve.

El soplo

El Eclesiastés abre y cierra con la misma frase: «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad» Eclesiastés 1:2 Eclesiastés 12:8. El autor examina todo lo que se hace «debajo del sol» y concluye que «todo ello es vanidad y aflicción de espíritu» Eclesiastés 1:14: otras traducciones dicen «correr tras el viento». No dice que nada valga, sino que nada dura ni se puede retener.

Los salmos aplican la palabra a la brevedad de la vida: «Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive» Salmos 39:5; «El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa» Salmos 144:4.

Los ídolos, un soplo

Los profetas llaman hebel a los dioses falsos. Jeremías dice que Israel «se fue tras la vanidad, y se hizo vano» Jeremías 2:5: quien sigue lo vacío se vuelve vacío. Véase idolatría.

La salida del Eclesiastés

Después de todo su examen, el libro concluye: «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre» Eclesiastés 12:8-13. A lo largo del libro, además, aconseja disfrutar con gratitud de lo bueno que Dios da —comer, beber, el trabajo, la compañía—, sabiendo que es pasajero.

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