Sedequías también se rebela, y en el año noveno de su reinado Nabucodonosor sitia Jerusalén. El asedio dura año y medio, hasta que el hambre agota la ciudad y abren una brecha en la muralla 2 Reyes 25:1-4. Sedequías huye de noche hacia el Arabá, lo alcanzan en los llanos de Jericó y lo llevan ante Nabucodonosor en Ribla. Allí degüellan a sus hijos ante sus ojos, le sacan los ojos y lo llevan a Babilonia encadenado 2 Reyes 25:5-7.
Un mes después, Nabuzaradán, capitán de la guardia, incendia el templo, el palacio y todas las casas de Jerusalén, derriba las murallas y deporta al resto del pueblo 2 Reyes 25:8-11. Las columnas de bronce y el mar de bronce de Salomón se hacen pedazos y el bronce se lleva a Babilonia 2 Reyes 25:13-17. Nabucodonosor nombra a Gedalías gobernador de los que quedan 2 Reyes 25:22. Ver Ribla y Jerusalén.
Su papel dentro de la Biblia
Nabucodonosor es uno de los reyes extranjeros que más espacio ocupan en el Antiguo Testamento y el agente de la mayor catástrofe de la historia de Israel: el fin del reino de Judá, del templo de Salomón y de la dinastía de David en el trono. Con él empieza el exilio, durante el cual, según muchos especialistas, se formó buena parte de la Biblia hebrea. Los libros históricos lo presentan como castigo; los profetas, como siervo de Dios; Daniel, como un rey soberbio que aprende a reconocer al Altísimo. Esdras resume la perspectiva: los padres provocaron a ira al Dios del cielo, y él los entregó en manos de Nabucodonosor Esdras 5:12.