Después de veinte años, Jacob llama a sus dos mujeres al campo y les explica que su padre lo ha engañado y le ha cambiado el salario diez veces, y que Dios le ha mandado volver a su tierra Génesis 31:4-13. Las dos hermanas, por una vez, responden juntas: ya no tienen parte ni herencia en la casa de su padre, que las ha tratado como extrañas y se ha comido el precio de su dote; que haga Jacob todo lo que Dios le ha dicho Génesis 31:14-16.
Al encontrarse con Esaú, Jacob coloca a su familia en un orden revelador: delante las siervas con sus hijos, después Lea y los suyos, y al final Raquel y José Génesis 33:1-2. La historia de su hija Dina, en Siquem, es una de las más oscuras del Génesis Génesis 34:1-2.
Muerte y memoria
El Génesis no cuenta la muerte de Lea. Solo la menciona Jacob en su lecho, al pedir que lo entierren en la cueva de Macpela, junto a Abraham y Sara, Isaac y Rebeca: «allí también sepulté yo a Lea» Génesis 49:29-31. La mujer menos amada es la que descansa junto a Jacob; Raquel quedó enterrada en el camino de Efrata. Ver Hebrón.
Su descendencia pesa más que su historia. De Lea vienen Leví, la tribu de los sacerdotes, y Judá, la de David y, según los evangelios, la de Jesús Mateo 1:2-3. Cuando los ancianos de Belén bendicen el matrimonio de Booz con Rut, la ponen junto a su hermana como fundadora del pueblo: que Dios haga a la mujer «como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel» Rut 4:11.